lunes, 5 de julio de 2010

Duda Religiosa

La dama le preguntó
al sacerdote en sotana:
“Desde hoy por la mañana
una duda me picó.
Esto no es una afrenta,
sólo es curiosidad
para saber la verdad
sobre su vestimenta”

“Es que al ver la prendedura
en esa sotana tan larga
una alegría me embarga
y mi seso conjetura.
Perdone usted que me meta,
pero tengo mis razones,
¿son todos esos botones
la parte de la bragueta!!??”

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sábado, 3 de julio de 2010

Gracias a Dios!

Cuando el porteño Carlitos murió, crepó, espichó, se olvidó de respirar, o simplemente cagó fuego, por supuesto de un infarto, como no podía ser de otra manera con la alimentación carnívora que había seguido por años y años, se elevó a los cielos con cierta dificultad porque hasta el alma tenía gorda.
Llegó a las puertas del paraíso malhumorado por el esfuerzo espiritual y enseguida empezó a putear por lo bajo al ver la fila de almas que había para la Evaluación Final. Se quejó con los que estaban adelante de él y los que venían llegando detrás. Que cómo tratándose del paraíso y con el gentío que se estaba juntando, tenían sólo un Evaluador. Era una falta de respeto para todos los presentes, que aparte de ser finados recientes, sentirse medio aturdidos por la sorpresa y encima estar en pelotas, todavía tenían que esperar de pie a que les tocara el turno para la Entrevista. ¿No les parecía a todos que había que exigir hablar con un supervisor?
Discretamente, un viejito que parecía italiano, le señaló que allí no había supervisor, que estaban a las puertas del paraíso y que el que estaba más adelante haciendo las preguntas era realmente Dios en persona.
Superado por el sólido argumento del anciano, Carlitos sólo atinó a decir, sacudiendo la cabeza incrédulo pero aún disgustado:

- ¡La pucha...! - Pero reponiéndose en seguida, agregó - Igual me parece que esto es un quilombo. ¡Estamos en el cielo, che!

Luego de unos segundos, donde pareció acatar el profundo silencio que prevalecía en la larga fila que marchaba lenta y pacientemente, empezó a mirar inquieto hacia uno y otro lado para ver si encontraba a alguien un poco más receptivo con quien charlar un rato. Una docena de almas más adelante, creyó reconocer a un compatriota por la forma descarada en que éste le miraba la cola a una brasilera que tenía adelante, meneando la cabeza y mordiéndose impotente el labio inferior.

- ¡Flaco! - Llamó ante la mirada incrédula de las almas vecinas - Vos tenés cara de tanguero atorrante. ¿Sos porteño? - Le preguntó mientras adelantaba su posición en la fila, para ponerse al lado del otro y de paso ganarse unos espacios.

El aludido lo miró con sorpresa y enseguida esbozó una amplia sonrisa, respondiendo:

- ¡Bingo! De Boedo. ¿ Y vos?
- De La Boca, pero criado en Barracas. Che, acá Carlitos - Se presentó, para agregar después de una breve pausa - Infarto... - Y señaló su pecho con el dedo, a modo de explicación - ¿Tu gracia...?
- Pelusa, por Maradona. ¿Viste? Yo también llegué a moverla lindo allá abajo. Por acá muerte natural viejo... - Afirmó el otro seriamente.

Carlitos lo miró de arriba abajo, incrédulo ante la aparente saludable imágen que Pelusa presentaba y le preguntó desconfiado:
- ¿Muerte natural? ¿No eras muy pendejo para eso?

A lo que el otro, sumamente divertido por su propia gracia, le respondió risueño:

- ¡Siete puñaladas en un afano! - Y agregó, doblándose de la risa - ¿No era natural que muriera... ajjjajaja?

Festejaron la broma ruidosamente unos momentos y luego Pelusa, recomponiéndose, reflexionó de golpe con seriedad:

- Che, que pedazo de embole que es esto. ¡Qué lentejas son mama mía! ¿No habrá algún tira conocido con quien se pueda acelerar el trámite?
- Hmmm..., no creo - Explicó Carlitos - Un tano por allá atrás, me dijo hace un rato que acá el que corta el bacalao, ¡Es el mismísimo barba!
- ¡No jodas boludo! ¿Denserio? - Soltó Pelusa agrandando los ojos.
- Posta, así que pone cara de huerfanito - Exclamó Carlitos con una sonrisa piadosa, girando los ojos hacia arriba y formando con sus dedos un halo por encima de su cabeza.

Seguidamente y con una actitud totalmente despreocupada y desprendida del lugar y el momento en que se hallaban, hablaron largamente de la procesión de minas que habían pasado por sus vidas, de los autos que habían tenido, comparando modelos, cilindradas y las hazañas amorosas realizadas en sus asientos de atrás. Se pelearon un rato por religión. Discutieron de fútbol. Se quejaron del calor y la humedad, y finalmente, casi terminaron a las patadas al abordar el tema de la política. Las demás almas, desde su silencio respetuoso, los miraban atónitas y quizás con un poco de envidia, por su estado de relajación absoluta ante la inminencia de su Juicio Final.
Así transcurrió todo y nada de tiempo, porque la noción mundana del mismo allí no tenía sentido. Cuando finalmente les llegó el turno, empezaron a codearse y empujarse para ver quien enfrentaba al Supremo primero. Carlitos, haciendo gala de su sobrada actitud de macho que le pone el pecho a las balas, le obsequió de costado a Pelusa la sonrisa ganadora del que maneja cualquier situación y se adelantó para enfrentar a Dios.
El Anciano, de larga cabellera y barba inmaculadamente blancas, con paciencia de milenios, bajó momentáneamente la vista y pareció revisar cuidadosamente un viejo y voluminoso registro, mientras Carlitos esperaba impaciente, parado a su lado.
“La verdad, creí que era mas alto” Penso para sí. “¡Cómo engañan las estampitas!”.
Dios levantó su vista infinitamente cansada de ver pasar tantos ladrones, asesinos, santos, prostitutas, políticos y quien sabe que más. Miró con detenimiento a Carlitos, que ya tenía preparado un discurso como para ganarse dos edenes, y sólo le preguntó:

- ¿Nacionalidad?
- ¿Qu...qué? - Preguntó a su vez el sorprendido porteño.
- Nacionalidad - Repitió Su Voz suave y a la vez omnipotente.
- Ar... Argentino - Contestó desconcertado Carlitos.
- ¿De qué parte, hijo? - Volvió a inquirir el Supremo.
- Porteño... De Buenos Aires, señor. Capital, quiero decir – Y Carlitos ya podía imaginarse acreedor de algún tratamiento especial, por ser oriundo de tan privilegiado lugar del mundo.
- Pués no puedo recibirte ahora, pichón. Quizás más adelante en tu evolución. Deberás volver a la vida en otra forma. Hmmm, déjame ver..., déjame ver... ¿Te gustan los aplausos permanentes? - Preguntó El Señor.

Carlitos se congratuló interiormente pués se notaba que Dios era buen conocedor de la calidad humana. No pudo evitar especular rápidamente sobre su futura vida. ¿Estrella de rock? ¿Famoso pintor? ¿Estadista?... Sólo atinó a contestar, ansioso:

- ¡Si..., si..., claro. Por supuesto!
- Bien, bien... Entonces está decidido. Serás mosquito. Regresa después de tu próxima vida - Sentenció El Hacedor, despachándolo sumariamente con un claro gesto de barrido con el dorso de ambas manos.

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Nueva Era

Yo soy un gaucho moderno
con los nuevos aires voy
a mis costumbres les doy
un toque de buen contrera
ya no escucho chacareras
ahora lo escucho al Pink Floyd

Hasta el potro abandoné
varias veces por el micro
pués todo tiene su ciclo
como también mis riñones
y el galope a sacudones
cambié por un cuatriciclo

Ya no hay mensajes de humo
o advertencias que chiflar
ni palomas pa’ avisar
comunicarse es sencillo
rebusco en mi calzoncillo
donde guardo el celular

Hasta el facón hocicó
con su filo tan cachuzo
una suiza idea se impuso
que es útil como ninguna
muy práctica y oportuna
la navaja multiuso

De que los tiempos cambiaron
este gaucho es un garante
nada es ya como era antes
lo digo sin alharaca
hoy dispués de arriar las vacas
me puse crema humectante...

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viernes, 2 de julio de 2010

Desgracia con Suerte

Leo miraba pensativamente hacia la pared blanca que tenía frente a sí del otro lado de la sala. Tenía el entrecejo arrugado como si estuviera rumiando un gran problema por resolver. No era para menos. Pensaba en todos los trastornos que vendrían de ahora en más. La cuenta del hospital y los mil formularios que tendría que llenar para ver si su seguro de salud iba a reconocer algo de la deuda; los interminables trámites ante la compañía donde había rentado el automóvil que resultara destrozado. Menos mal que por unos pocos pesos más al día, había tomado todos los seguros que le ofrecieron en la agencia para cubrir una eventualidad como ésta. Pero de las denuncias, las declaraciones juradas, los certificados y un sinfin de formularios y planillas a llenar no se salvaba.
Pero ¡Hey! Estaba vivo que no era poco. Eso sí, le dolía hasta el apellido. Tenía el brazo izquierdo roto en cabestrillo, una gran venda en la mitad afeitada de la cabeza que le cubría los veintisiete puntos de sutura recibidos y decenas de moretones azules esparcidos por todo el cuerpo, el más grande de los cuales lo tenía en la parte derecha de la cadera y le molestaba bastante a pesar los analgésicos que le habían suministrado. La ropa que tenía puesta estaba desgarrada en varios lugares y también sucia y manchada.
Su mujer Cristina, no había sido tan afortunada. Aunque ya le habían dicho que se hallaba fuera de peligro había sufrido, como él, múltiples contusiones, pero la falta de una regulación apropiada en su cinturón de seguridad, hizo que su cara chocara con excesiva violencia contra la bolsa de aire. El golpe fue muy fuerte y estaban evaluando su gravedad con varios estudios que le practicaban en ese momento.
Para colmo de complicaciones estaban paseando en Uruguay, donde no conocían a nadie. Leo no quiso avisar a nadie todavía en Buenos Aires para no alarmar de gusto a los familiares de ninguno de los dos, especialmente antes de saber con certeza la seriedad de las lesiones de Cristina.
Sus pensamientos ahora pasaron de la preocupación a la bronca. ¡Que accidente tan estúpido!¡No podía creer que hubiese perdido de esa forma el control del auto! Rebobinó los hechos hasta cuando se dirigía manejando por la ruta once de Canelones a Piriápolis, un trajecto relativamente corto.
Cristina a su lado, como de costumbre hablándole todo el tiempo, le impedía pensar con claridad y concentrarse en el mapa que le indicaba como entrar correctamente para dirigirse a las hermosas playas. “Que tu mamá tendría que iniciar pronto la sucesión de las propiedades, yo no se qué está esperando con la edad que tiene y si pasa cualquier cosa después tendremos que gastar el doble para hacer toda esa papelería con la escribana. Tu hermana, sí, tu hermana, tendría que hablar un poco menos y hacer un poco más, especialmente cuando en las fiestas de fin de año se le va la mano con el vino espumante y despotrica contra todo el mundo, como si ella fuera perfecta, y con los cuernos que tiene la pobre! Y Antonella, ella tendría que dejar a ese muchacho carilindo con el que está saliendo, que no sirve para nada y buscarse alguien más de acuerdo con su condición de estudiante universitaria, que dicho sea de paso, no le va a servir de mucho cuando se reciba porque esa carrera no tiene salida laboral ¿Te fijaste?...” Continuaba Cristina alentada por el silencio de Leo, que ella confundía con atención.
Al llegar a un punto crucial del camino, él le pidió silencio por unos segundos para consultar de reojo el mapa y recibió un severo reto por desviar los ojos de la ruta. Entonces, ambos quisieron apoderarse al mismo tiempo del mapa que se encontraba sobre la consola en medio de los dos asientos y forcejearon por él unos instantes como chiquilines. Cuando Leo levantó la vista otra vez, iban derechito hacia la cuneta de ese lado del camino. Trató de corregir bruscamente la trajectoria del vehículo, pero lo único que logró fue que éste empezara a dar varios vuelcos sobre sí mismo, hasta detenerse con las ruedas para arriba en un pastizal al costado de la ruta. Por suerte nadie mas que ellos se vió involucrado en el accidente. Algún buen samaritano que pasaba llamó a la policía y la ambulancia y ahora allí estaba, en una sala de espera del hospital público de Piriápolis.
Leo se acomodó en la silla lo mejor que pudo, apoyó la cabeza suavemente en el respaldo y cerró los ojos. El efecto de los sedantes se estaba haciendo sentir.
Cuando despertó sobresaltado, pués sintió que alguien le sacudía el hombro con delicadeza, tenía a un médico a su lado. Le tomó unos segundos despejar las brumas de su inconsciencia y enfocar debidamente con los ojos a la figura que estaba parada frente a sí. Escuchó que le preguntaban:

“¿Señor Rodríguez?”
“Si..., si soy yo” Respondió Leo, incorporándose todavía un poco aturdido.
“Quería hablarle de su señora Cristina. No se preocupe porque todo esta bien, no habrá complicaciones en la recuperación de sus lesiones, pero...hay una cuestión que debo comunicarle antes que pueda entrar a verla”
“Escucho” Dijo Leo, ahora totalmente alerta e intrigado por la actitud nerviosa del galeno.
“Bueno, sucede que cuando ella impactó la bolsa de aire con su cara, quizás por un acto reflejo, quizás por el susto, no sabemos, tenía la lengua afuera y ésta fue casi en su totalidad cercenada por sus propios dientes. No pudimos hacer nada para reinsertarla. De ahora en más, ella será muda” Comunicó compungido el doctor.

Leo miró hacia el piso y así permaneció por varios segundos. Después, su cuerpo se sacudió convulsivamente varias veces a intervalos cortos, lo que el médico uruguayo tomó como llanto.
De pronto, se incorporó bruscamente con una sonrisa radiante en el rostro, abrazó al doctor fuertemente con su brazo sano, le plantó un sonoro beso en la mejilla, y empezó a alejarse, casi a paso de baile por el pasillo, mientras le decía por sobre el hombro al médico que lo miraba totalmente desconcertado:

“¡Gracias..., gracias doc! ¡¡Le debo unaaa...!!”

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Mi Pedido

Pido de tí mi capullito en flor
por un poco de alivio a este dolor
que con saña ataca a mi cuerpo
pido que no creas que soy terco
si te ruego consideres mi pedido
y entiendas entonces que he sufrido
por esta extraña postura adoptada
causante que mi gema esté afectada.
Así arriésgome quizás a ser ridículo
al implorarte que retires tu osamenta
pués ella mi suplicio sólo aumenta
por haberme apretado un testículo.

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jueves, 1 de julio de 2010

Volver

Miro cansinamente por la ventanilla hacia el paisaje que va pasando furtivo, a gran velocidad en la mortecina luz del atardecer. Verdes planicies, suaves lomas, algunas casas, caminos de tierra paralelos a las vías casi sin tráfico, unos niños dedicados plenamente a su juego, arboledas ralas, perros, puentes, más casas desparramadas... Todo aparece y se pierde casi al instante en la pantalla de mi amplia ventana. Imágenes que se me antojan como flashes de la vida que se pasa casi con la misma inusitada rapidez. Y que, como el tren, no se detiene.
Una ausencia de un cuarto de siglo puede ser mucho o tal vez no tanto. La apariencia de la ciudad cambia. La apariencia de las personas cambia. ¿Cambiarán también los sentimientos? ¿Cambiaron los míos?. Mientras debato estas cuestiones complejamente filosóficas en la decreciente red neuronal de mi seso de hombre maduro, me doy cuanta que estoy muy tenso y ansioso. Claro, estoy llegando al pueblo de mi destino. No sé si aún tengo el derecho de llamarlo mi pueblo, a pesar que nací y me crié en él.
Cuando el tren se detiene con un suave sacudón, bajo a la plataforma con mi mochila y mi bagaje de recuerdos. No sé cual pesa más.
Nadie sabe de mi regreso. Decido caminar un poco porque tiempo es lo que me sobra. Mi paseo por el centro no aporta mucho a mi ánimo. Todo está tan cambiado... Junto coraje y me encamino hacia el barrio de mi juventud. Mi barrio.
Frente a la casa de Nati hay un gran cartel de “Se Vende”. Quién sabe por donde andará la dulce Natalia. Sigo andando absorviendo con la vista cada pared, cada vereda y cada calle. La fachada de la casa de Juancito está tal cual la recordara, pero muy deteriorada. Sabía que él había perdido su trabajo tiempo atrás.
Ahora voy llegando a la esquina donde vivía Ana María, mi primera novia. Como se está poniendo oscuro rápidamente, me quedo contemplándola desde la vereda de enfrente, bajo la sombra protectora del añoso paraíso. Los postigos de la ventana en la planta superior están abiertos y puedo ver una figura a contraluz. No puedo distinguir la cara, pero sí escucho la voz. Es ella. Está discutiendo con su marido. Su timbre tan alegre y vivaz parece apagado, resignado. Se nota que está muy enojada, quizás harta de estar enojada...
Sigo mis pasos cada vez más lentos hasta el frente de la casa en que nací. El pequeño chalet con hermoso jardín al frente ya no existía más que en mi memoria y alguna que otra foto en blanco y negro. Ahora era una casa de dos plantas. Sin jardín pero con un amplio garage.
No me animo a tocar a ninguna puerta. No estoy para nada seguro del resultado. Me doy cuenta que tengo mucho miedo a lo que puedo llegar a encontrar. Después de todo no hace falta más que asomarse a cualquier espejo. Lástima que aún no se hayan inventado espejos para el alma.
No me parece que lo mío sea cobardía. Más bien diría yo miedo a la decepción. Al aniquilamiento definitivo de un hermoso pasado archivado como gratos y preciados recuerdos.¿Será por mi posible decepción hacia los demás o de los demás hacia mí? Otro lindo tema a debatir en el viaje que me alejará de allí para siempre, donde ya no pertenezco. Al final, no voy a necesitar el modesto equipaje que llevo en mi mochila. Ahora sí que apuro el paso. Mi tren de vuelta sale en apenas media hora.

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Amigo

En una tarde cualquiera
sin aparente razón
me sale del corazón
el pensar en mis amigos
que no son muchos, les digo
pero sí de lo mejor

Más a modo de preludio
en tema tan delicado
debe ser organizado
el orden del pensamiento
para que mi sentimiento
sea bien interpretado

Todo se mezcla hoy en día
estamos muy confundidos
no le damos al amigo
su crédito en la verdad
y creemos que amistad
es tener un conocido

El amigo es comprensión,
desinteres, hermandad,
sacrificio y lealtad
su compañía es inmensa
no espera más recompensa
que continuar la amistad

Tener a un amigo cerca
es la mejor situación
más si en alguna ocasión
ya no está o se halla ausente
estará siempre presente
guardado en el corazón

La amistad es cosa seria
no es relación casual
es vivencia sin igual
son almas que se entrelazan
son destinos que se abrazan
desde el principio al final

Y siguiendo con el hilo
de este pensar que me aflige
quiero que en esto se fije,
amigo es hermano a muerte
no hermano que toca en suerte
sino hermano que se elige

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